Mágica es la palabra para definir la noche del 19 de abril de 2013 en el parque Simón Bolívar de Bogotá. Una noche que quedara grabada en la memoria y el corazón de los casi 20.000 asistentes que cumplieron una cita con la historia y tuvieron enfrente al señor Robert Smith y su banda. Un día lluvioso, melancólico como para estar acorde con los británicos, lluvia que no fue impedimento para que los fanáticos de una de las agrupaciones más emblemáticas de la historia del rock, estuviéramos ahí para entregarle oraciones a la lluvia, para cantar en contra del tiempo clásicos que fueron la banda sonora de nuestra adolescencia.

Pasadas las ocho de la noche salieron a la tarima, Simon Gallup, Roger O’donnell, Jason Cooper, Reever Gabrels y el gran Robert Smith. Ya no era un sueño, el onirismo con el que vivimos por años se estaba haciendo realidad. El inicio no pudo ser mejor, canciones como “Plainsong”, “Pictures of You”, “Lullaby”, “In Between Days”, “Just Like Heaven” estaban siendo interpretadas de forma majestuosa ante un público que por momentos cantaba con nostalgia o simplemente coreaba con alegría, para darle paso a instantes en los que solo había que estar extasiados admirando la elegancia y sencillez de cada tonada. En adelante cada éxito de The Cure despertó la lluviosa noche bogotana; perfecta para la ocasión “Friday I’m in love”, la increíble “A Forest”, “The Walk”, “Disintegration” con la que cerraron el primer bloque, para dar paso a tres más, sin que se vieran en ningún momento signos de cansancio en los músicos.

Con la nueva entrada tocaron dos tandas más de cuatro canciones, “A Strage Day”, “Fascination Street”, “Charlotte Sometimes” entre otras. Pero todos sabíamos que había más, que a pesar de llevar horas de pie bajo la lluvia no nos podíamos ir sin presenciar una suntuosa despedida. Anunciaron su marcha final con “Lovecats” con la que Smith dejo al descubierto todo su carisma. Luego canciones tan esperadas como “Close to me”, “Boys Don’t Cry” o “10:15 Saturday Night”. Finalmente con el poder de “Killing an Arab” nos dieron un adiós definitivo, canción de 1978 que logro vencer el clima y dejar una atmosfera de tranquilidad y felicidad en el parque bogotano.

Es increíble pensar que durante los noventa escuchábamos en nuestro discam discos como el “Disintegration” y que hace pocos días lo pudimos escuchar en vivo casi en su totalidad, demostrando la vigencia e influencia que tiene The Cure en la música actual. Solo queda decir que Robert Smith y los suyos vinieron a darnos una lección de amor y pasión por la música.

 

 

Sonisfera

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