El pasado jueves 3 de Noviembre tuvimos la oportunidad de presenciar la segunda edición del Festival Soma que con un cartel ecléctico, que brillaba por la diversidad de tendencias, reunió todos los elementos para un evento inolvidable. En esta ocasión las bodegas abandonadas de la 30 con 22 fueron el lugar elegido para la realización del festival. El recinto le confería un aire underground (muy a lo barrio industrial de Manchester) que enriquecía aun más el ambiente. Aunque la acústica de este tipo de lugares a veces no es la más adecuada, el sonido en general estuvo a la altura.
Respecto al día y el horario resulta una lástima que el evento se tuviera que realizar en un día laboral, lo que sin duda influyó para que las primeras bandas no pudieran gozar de una asistencia más nutrida. Un punto a favor fue la adecuada logística y la ubicación de puestos de comida, merchandising y venta de licores. Lo último es de resaltar teniendo en cuenta que en prácticamente todos los festivales de este corte en el mundo está permitida la venta de bebidas alcohólicas. Además no hay nada mejor acompañar buena música con unas buenas cervezas (no vayan a pensar que el equipo Sonisfera es una partida de borrachos, ja!)
Dicho esto nos ocuparemos de lo más importante, la música. Hace ya varios años que no tenía la oportunidad de ver a Superlitio en vivo, y fue una grata sorpresa presenciar la evolución musical y escénica de esta agrupación. Desde la tarima lograron transmitir la energía y sabrosura que se evidencia en su más reciente álbum (Sultana: Manual Psicodélico del Ritmo Vol 1), mostrándolos cada vez más lejanos del funk de sus inicios y más cercanos a la música del Caribe y la electrónica. Con esta presentación dejaron patente que se encuentran en un punto de madurez que reclama la consagración internacional.
Luego vendría la fallida presentación de Flight Facilities que dejó a todos los asistentes preguntándose qué pasó. No había siquiera finalizado la primera canción cuando el sonido fue cortado abruptamente, al parecer por  fallas técnicas, y con caída de tornamesa y todo, se frustró por completo la presentación de este dúo electrónico.
 
 
A continuación los ingleses de Polarsets se apoderaron del escenario en formato de trío, y aunque no gozaron de un buen sonido en las primeras canciones, este mejoró poco a poco en favor de la banda y los asistentes. Quedó en evidencia que la agrupación vino a dar lo mejor de sí, lo que fue recompensado por un público que les obsequió con sinceros aplausos. Vale la pena resaltar que para ser una agrupación que aun no ha grabado ninguna larga duración, nos deleitaron con un repertorio enteramente propio sin recurrir a covers. La presentación de Polarsets constituyó el abrebocas perfecto para la aplanadora musical que se vendría a continuación.

 

Después de casi una hora de retraso, tal vez lo más criticable del festival, saltó al escenario la banda más esperada de la noche: Interpol. Un público entregado y exultante los recibió entre aplausos y vítores ensordecedores con un ánimo que no decayó durante toda la presentación. Recientemente convertidos en trío, debido a la salida del bajista Carlos Dengler, en vivo se presentaron como un ensamble de cinco músicos adicionando al bajista reemplazante Daniel Kessier  y el teclista Brandon Curtis (Secret Machines).
Con un carisma aplomado, y un sorprendente español fluido de parte de Paul Banks, hicieron un despliegue demoledor de sus mejores temas. La encargada de abrir fue Success, de su más reciente álbum, para continuar con la aniquiladora Say Hello to MyAngels, que sacudió a un público enloquecido, mostrando la faceta más potente de la banda. En seguida las primeras notas de Narc encenderían la fiesta definitivamente. Le siguieron la calmada Hands Away y Barricade, tal vez el mejor tema de su cuarto álbum en estudio. El show continuaría con mi favorita, Rest My Chemistry, que en lo personal significó el punto más alto.
En adelante el show fue una concatenación de temas sublimes que complacieron a todos los asistentes con composiciones de sus primeras producciones como C’mere, Evil o The Heinreich Monouver. El final llegaría, después del concebido encore, a cargo de NYC, Life Ericksson y Obstacle 1 que significaron un cierre por lo alto.
Los neoyorkinos nos brindaron un show sobrio y contundente que cumplió con las expectativas que los cerca de 2.000 asistentes teníamos de ellos, aunque siempre nos quedará la duda de como hubiera sido un show de Interpol con Carlos Dengler.
Una vez terminada la presentación de Interpol la asistencia para Booka Shade se vio mermada en número, más no en ánimos, y los que se quedaron presenciaron un impresionante cierre. Curtidos por una carrera musical de más de 15 años, el dúo alemán evidenció en escenario una inusual química musical que se tradujo en una descarga electrónica de ritmos que exhortaban al baile; invitación que nadie pudo resistir.
Al final es de agradecer la realización de este tipio de eventos que aporta y enriquece una escena que poco a poco ha venido consolidándose. Aunque siempre habrá detalles por mejorar, Soma 2011 disputa el titulo como uno de los mejores eventos del año. 
Sonisfera

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