En una noche fría bogotana, de esas que son cada vez más comunes en esta época del año, nos dirigimos al centro de la ciudad a una velada con Warpaint. El sitio donde se organizó era un enigma, pues nunca habíamos estado en este escenario. El centro nos recibió con su acostumbrado ambiente bohemio, que contrastaba con las luces de neón de los hospedajes para enamorados del sector. Al llegar nos encontramos con poca gente, mal contadas las personas sumarían 500, lo que aseguraba un ambiente más personal. La entrada al lugar no tuvo mayor inconveniente y sorprendentemente la requisa fue más benévola de lo común.
 
Una vez  dentro del teatro nos sorprendió el buen estilo de las instalaciones sencillas y agradables; de  ahí en adelante la espera fue larga, las vimos en el escenario pasadas las 12 y 30 a.m. Durante la espera nos acompañaron 2 dj´s y sus mezclas electrónicas; fue tanto así que el evento  durante un instante parecía más un rave que un concierto de rock. Muchas caras largas y cansadas se evidenciaban en el público, que contrastaban con el baile que algunos pocos asistentes que disfrutaban las mezclas, hasta que en un momento de la noche el telón se abrió para dejarnos ver a estas jóvenes californianas; el teatro retumbó con Jubilee, que sería el inicio perfecto para una noche llena de luces y buenos sonidos.  Definitivamente Warpaint es una de esas bandas que en escenario trasmiten más emociones que en sus versiones en estudio; una digna exponente de esto es su baterista: Stella Mozagawa, cuya batería  fue más notoria que ningún otro instrumento y se robó el show sin ser protagonista. Todo esto estuvo perfectamente armonizado con unas voces desgarradoras y profundas, que transportaron al público a espacios mentales nunca antes explorados. Cabe resaltar las interpretaciones de canciones como Warpaint, Elephants y Baby  que crearon empatía cercana  con el público, al  ser reconocidas y coreadas.
 
Esperábamos más del performance visual de una banda que venía de festivales como Coachella, Glastonbury, y Leeds; sin embargo su  puesta en escena fue muy sobria y sencilla, con muy buen sonido y excelente energía. Durante el concierto también hubo espacio para el rock progresivo con canciones instrumentales intensas y de larga duración. Aproximadamente a la 1:45 a.m, Warpaint se despidió del público bogotano, dándonos a entender con unas pocas palabras, que esa noche en Bogotá había sido más que una simple guerra de pintura psicodélica.





Por: Jego

Sonisfera

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