El metal, amado por muchos y odiado por otros, siempre será la piedra angular de Rock al Parque; a través de los años el sábado del festival se ha convertido por excelencia en el día del metal. Año tras año hordas de metaleros llenan el Parque Simón Bolívar para disfrutar de uno de los días más extremos del año en Bogotá. Este año no fue la excepción, miles de almas se reunieron para cumplir la cita con un genero que se entrega por completo a sus seguidores.

Colombia siempre con una cuota variada, poderosos proyectos emergentes y leyendas del metal nacional como Tenebrarum que demostraron porque es una de la bandas mas imporantes y vigentes de la escena local.

El cartel internacional pasó por todos los géneros y viajo por varios países, los chilenos de Capilla Ardiente dieron buena muestra del Doom vieja guardia, Dying Fetus dejó a más de uno sordo con su contundencia, Tarja llena de talento y carisma se ganó el corazón de los asistentes, Angra nos puso sentimentales con el merecido homenaje a Andrea Matos y Deicide demostró una vez más en tierras colombianas porque es toda una institución del Death Metal mundial.

Una vez más queda claro que Bogotá es un ciudad metalera, podríamos pedirle a Sam Dunn que nos ayude a analizar antropológicamente porque Bogotá ama tanto el metal.

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