El metal, uno de los géneros más controversiales de la música, amado por muchos y odiado por otros, siempre será la piedra angular de Rock al Parque; a través de los años el sábado del festival se ha convertido por excelencia en el día del metal. Año tras año hordas de metaleros que vienen de muchos rincones llenan el Parque Simón Bolívar para disfrutar de uno de los días más extremos del año en Bogotá. Este año no fue la excepción, 73.000 almas se reunieron para cumplir la cita con un genero que se entrega por completo a sus seguidores.

Con Tears of Misery comenzamos la jornada, una banda bogotana joven que con buena técnica musical viene creciendo a grandes pasos y quienes seguramente luego se bajaron para ser espectadores de Masacre, los padres del metal en Colombia que celebraron 30 años de carrera con su gente. Y bien lo dijo Alex Oquendo…¿Cuantos de acá son metaleros gracias a nosotros?

El cartel internacional pasó por todos los géneros y viajo por varios países, los españoles de Angelus Apatrida dieron buena muestra de trash vieja guardia, Cattle Decapitation dejó a más de uno sordo con los increíbles cambios de voz de su vocalista Travis Ryan, Suffocation descargó toda su ira en el escenario y el cierre sueco no pudo estar mejor; Dark Tranquility que nos dio un recorrido por ese exquisito sonido de Gotemburgo, demostrándonos porque son los pioneros del death metal melódico. Y cerrando llegó la oscuridad y el culto a Satán, Dark Funeral llenó de misterio la noche dejando perplejos a todos los asistentes de un día más de metal en Rock al parque.

Una vez más queda claro que Bogotá es un ciudad metalera, podríamos pedirle a Sam Dunn que nos ayude a analizar antropológicamente porque Bogotá ama tanto el metal.

 

 

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