La experiencia vivida en un concierto de Swans no es amable ni complaciente. Su sonido es perturbador, te golpea en la cara, se mete en la cabeza y empieza a arañar el subconciente. Si es verdad que la música es capaz de llevar a estados alterados de conciencia, Swans en es la prueba fehaciente.

A la entrada se repartía a cada asistente un par de tapones para los oídos; después de los primeros cinco minutos de concierto quedó claro que su uso no era opcional: Swans ataca a volúmenes descomunales. En adelante emprenderíamos un intenso viaje sonoro de dos horas y media, repartida en seis “canciones”, en las cuales la Michael Gira y compañía ofrecieron una experiencia única llena de una belleza tormentosa frente a una audiencia sorprendentemente joven.

Al final queda la sensación que los discos de estudio son insuficientes para encapsular la esencia musical de la banda, Swans es un animal hecho para tocar en vivo.

A continuación les compartimos algo de lo que vivimos en este profundo e interminable viaje.

Fotografía por Nicolás Fernández 

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