Sin necesidad de hacer grandes cálculos fue evidente a simple vista que la décimo novena edición del festival Rock al Parque ha sido una de las ediciones con menor asistencia en su historia, desnudando los defectos, no solo del festival, sino de la escena nacional en general. Al momento de buscar las razones que llevaron a esta situación es claro que las responsabilidades no son solo de la organización, sino también de los medios y el público. Un público que soslayó las bandas nacionales del cartel por no contar con artistas de peso internacionales y buscar un chivo expiatorio en una banda para demeritar todo el resto del cartel, que en comparación con ediciones recientes, fue la que más rock tuvo. También están algunos medios que solo voltean su mirada hacia la escena local en cercanías del festival, mientras que el resto del año ni suenan ni truenan. En cuanto a la organización los problemas son varios y notables, desde la confirmación del cartel definitivo a solo dos semanas de su realización (así no hay difusión que valga) hasta los problemas de curaduría y el desconocimiento de la realidad de la industria musical actual.
Al margen de lo anterior, no hay crítica que valga si no se está dispuesto a proponer, y en este sentido las ideas son varias, empezando por volver a considerar el cambio de fecha de realización del festival. Sin importar la época del año en que se realice siempre existe el riesgo de lluvia (así es Bogotá) y eso quedó comprobado este año donde el agua volvió a acompañar. El hecho de realizar el festival a mediados de Junio supone un problema logístico, por esta temporada las giras de artistas internacionales están centradas en los festivales de verano norteamericanos y europeos haciendo muy difícil poder fichar una banda de nombre; mientras que en las temporadas de Marzo-Abril u Octubre-Noviembre se pueden sacar provecho de la cercanía de otros festivales internacionales como Lollapalooza o el Corona Capital.
También se escucharon algunas voces que decían que el problema pasaba por cuestiones de presupuesto. Si eso es así ¿por qué no reducir el festival a dos días?, esto permitiría concentrar recursos en traer menos artistas pero de más peso, procurando una buena asistencia en los tres escenarios durante los dos días. Es cierto que también reduciría la inclusión de agrupaciones nacionales, pero le daría más valor a su participación asegurándoles una asistencia digna, más teniendo en cuenta la experiencia de este año.
Finalmente, y tal vez lo más importante, Rock Al Parque debe contar con una planeación de mediano y largo plazo. No puede estar cambiando de enfoque año tras año basados en el vaivén de las opiniones de las redes sociales. El festival debería escribir su propio manifiesto donde quede clara la intención del festival por los menos para los próximo cinco años, un manifiesto que reconozca que la realidad musical actual, con respecto a la de hace veinte años, es tremendamente distinta. La forma en que consumismos música se ha transformado, los géneros han evolucionado, las audiencias se han fragmentado (¡son 20 años!), es como comparar el rock de los 80s con el de los 60s (!). Un manifiesto que le apueste a la diversidad basado en las experiencias recientes. Claro esta que no faltará el radicalismo anacrónico que se escude tras la palabra Rock para exigir un cambio de nombre. El problema es que no hay un consenso de lo que es rock y lo que no, de hecho cada cual tiene una interpretación distinta, casi personal de la palabra. Una razón más para que el festival deje en claro a lo que le quiere apostar en el futuro.
A pesar de todas las críticas, el festival no fue un desastre y quedan puntos para resaltar. Sin ninguna duda la escena metalera bogotana es la que mejor consolidada se encuentra y la más comprometida. Así como en 1999 los metaleros asistían masivamente para ver a bandas como Kilcrops, Tenebrarum, Neurosis inc, Ethereal o Darkness, 14 años después siguen cumpliendo su tarea para conocer bandas nuevas y descubrir nuevos sonidos como Ikarus Falling o Sacred Goat. Bandas que con su corta carrera son capaces de enaltecer la escena y mantenerla con vida y a su vez tener el honor de compartir escenario con bandas como Internal Suffering o Masacre. Para los pelilargos de negro descubrir sonidos nuevos de otras latitudes también es un aliciente para asistir a mover la cabeza y poguear, el descubrimiento de bandas como Havok que con apenas pocos años de vida demuestran que están a la altura de sus antecesores demostrando madurez y técnica en vivo. Vita Imana que arriesga con algo de fusión, resultando en un sonido vanguardista y bien elaborado de metal. Además el infaltable cierre de sábado que han tenido la oportunidad de hacerlo bandas tan grandes como Apocalyptica, Haggard o Carcass, este año estuvo a cargo de unos monstros del brutal death metal, Cannibal Corpse que dejaron colapsado a más de uno con su potente puesta en escena.
El domingo y el lunes sinceramente dio nostalgia ver el parque desolado con respecto a otras ediciones, sin embargo los que apostaron y se arriesgaron por asistir seguro se llevaron en su cabeza buenos descubrimientos para tener en cuenta en un futuro. El reggae con dub y rock de Una Fuerza sazonado con el carisma de sus músicos, la fiesta irreverente del Consulado Popular, la experimentación de Cuatroespantos, la buena técnica y el rock n’ roll de Tappan, el imponente sonido del power trío Diamante Eléctrico, el homenaje a nuestro folclore por Alfonso Espriella, el buen indie rock de Arbol de Ojos, la vigencia de Hora Local, la fuerza de Pornomotora, los sonidos variados de tierras menos roqueras del país con Bamabarabanda y la leyenda viviente del punk de Peste Muntantex, por nombrar algunos de los representantes del lado local. De los invitados internacionales también quedan muy buenas impresiones como el hecho de haber tenido en frente a un genio como Omar Rodriguez-Lopez con su nuevo proyecto Bosnian Rainbows, la fiesta imparable con unos personajes de un país del que no sabemos mucho como Bosnia con Dubioza Kolektiv, la fuerza de un trío del sur continente liderado por dos chicas que solo inspiran rock con Eruca Sativa, la vigencia y buena onda de Spinetta y Horvilleur con Illya Kuryaki and the Valderramas.
Mucho, tanto bueno como malo queda por nombrar, sin embargo la gran conclusión de todo es que una escena y una historia roquera no se hace en tres días esto es algo que se labra con el día a día, con el apoyo constante a las bandas locales, asistiendo a sus toques, comprando su música. Tanto las bandas como nosotros sus seguidores tenemos que trabajar constantemente para construir algo cada vez más sólido y que Rock al Parque sea para siempre nuestro festival.
En los siguientes links pueden ver más reseñas, galerías y videos de Sonisfera en Rock al Parque 2013.
Día 1  Día 2  Día 3  Bosnian Rainbows  El Público – Youtube

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