Fue en el Rock al Parque de 2006 donde Manu nos brindó un concierto memorable, recuerdo que por algunos momentos me sentí, dentro del mismo Radio Bemba Sound System, disco ya clásico del artista. Jamás olvidaré que vi  a casi 100000 personas cantando Welcome to tijauna… o ¿Qué paso que paso?..la policía llego!!; mientras saltábamos y bailábamos unos con otros, en la más agradable convivencia, que jamás volví a experimentar en un rock al parque. También recuerdo que días después, en la prensa comentaron que con la presentación de Manu Chao, se había batido un record de asistencia al festival y que el público había quedado satisfecho con tal presentación; además, por la misma época, nacieron varios mitos urbanos, donde decían por ejemplo, que Manu había cerrado un bar de la Candelaria, y había organizado una monumental fiesta que habría durado 2 días. Desafortunadamente no he conocido a nadie que de fe de tal  conmemoración.


Totalmente fascinado con ese show, y con los hechos que rodearon a este, espere por 6 años para que nuevamente Manu (mi artista favorito), volviera a la ciudad. “Esta vez si quiero estar bien adelante para verlo más de cerca, y porque no, hasta tomarme unos tragos con el, en la candelaria” me dije a mí mismo. Desafortunadamente ninguna de estas dos situaciones se me dio, tal vez por la organización del festival, tal vez por ser semana santa, o pudo ser porque no llegue a las 7 am como lo había contemplado, o sería más bien que no era mi día, ¿Debí ser mas arriesgado, y haberme abierto campo entre ese mar de gente, para estar mas adelante?. Pues hoy llego a pensar que fue una combinación de todos estos factores, los que aplazarían una vez más, lo que podría denominar, “mi sueño”.


El pasado 3 de abril, me levanté de la cama, con la esperanza de estar cerca a Manu y vivir un espectáculo igual mejor que el del 2006. Semanas atrás, había solicitado permiso en el trabajo para salir antes de tiempo,  ya que si bien no podía estar a las 7 am en la plaza de Bolívar, si quería llegar lo más pronto posible, para asegurarme un buen puesto. Después de atravesarme la ciudad en un taxi, llegue aproximadamente a las 2 pm a la plaza, y allí me llevaría la primera de varias desafortunadas sorpresas. A medida que el taxi  bajaba lentamente al lugar del evento, aumentaba el número de gente que quería ingresar, por el costado de la catedral primada de Bogotá, hacia la plaza. Serian tal vez 5000 personas queriendo ingresar, contra máximo 10 policías que le hacían frente a esta turba de gente, que ya exaltada, los insultaban y los agredían. En ningún momento dilucide el personal de logística, que van organizando a las personas en filas, para que el ingreso sea más fácil, tampoco vi personal de la defensa civil o la cruz roja que estuviera cerca por si existía alguna emergencia, es mas en ningún momento del evento los vi.


Como a la fuerza pública se le estaba saliendo esto de control, decidieron enviar a personal de caballería, para que apaciguara y amedrentara con sus imponentes caballos, los ánimos exacerbados. Poco después, un policía (quien supongo tenía un cargo importante), se dirigió a la multitud, que se multiplicaba cada vez mas. Yo me encontraba bastante alejado de tal agente de la ley, por lo que poco o nada entendía acerca de lo que decía. Como por un teléfono roto llegaba la información, hacia donde yo me encontraba,  lo poco que pude entender, era que todos íbamos a entrar, que nos organizáramos y nos calmáramos, posteriormente me relaje.


Mi tranquilidad duraría poco, ya que a partir de ese momento y hasta las 10 de la noche, experimente, la sensación de hacinamiento y ahogamiento mas desagradable que he sentido en un concierto, acompañado por la mas variada gama de personas, que hacemos parte de esta ciudad cultural por excelencia, punkeros, raperos,  metaleros, hippies, neo hippies,  rastas, abuelos, tíos,  vendedores de dulces, calvos, chismosos, ladrones, etc; todos reunidos no solo para ver Skampida, Nawal, La Etnnia y a La Derecha(bandas que también estuvieron en el concierto), si no también para disfrutar el plato fuerte de la noche, que estaría en el escenario aproximadamente a las 7 y 40 pm. Una hora y media después de mi llegada, pude entrar, pasando por los más improvisados anillos de seguridad que he visto en un evento público.  Me llamo la atención que la gran mayoría del personal de policía, eran los famosos policías bachilleres, que con  una cara entre agresividad y pánico, obligaban a los asistentes de una forma discriminatoria, a mostrar la pretina del pantalón, con el fin de detectar y decomisar material “ilícito”, en su mayoría, simples cinturones.


A este punto ya eran varias las preguntas que me asaltaban: ¿Acaso este concierto no es organizado por la alcaldía, responsables de organizar el festival musical gratis mas grande de sur América?, ¿la experiencia de más de 10 años que la alcaldía tiene con Rock al Parque, no es suficiente para organizar un evento musical gratuito?, ¿esta es la “Bogotá humana” de la que tanto habla esta administración?,  ¿acaso en estos eventos no existe como mínimo un megáfono, para la comodidad de los “organizadores”?, ¿si me caigo o si me ahogo, por donde cojo?, ¿donde está personal paramédico? Hoy, días después del evento, aún no encuentro respuesta a estas preguntas.



Entrada la tarde, al fin, estaba en la plaza de Bolivar. La cantidad de gente que ya ocupaba la plaza a esa hora era asombrosa e impenetrable, la distancia entre persona y persona era mínima, y el calor humano, no resultaba agradable, sino más bien insoportable. Me acomode sobre la 7a diagonal a la catedral (nótese que no avance mucho) y espere al inicio del concierto. Las horas pasaban, y cada vez  veía más lejano mi propósito de estar cerca a Manu, que frustrante. Después de escuchar la presentaciones de Skampida, Nawal y La Etnnia(con un sonido deficiente, del cual mas adelante hablaré), decidí buscar los baños. No había nadie que me diera información de donde ubicar los baños,  así como tampoco había señalización de estos, por lo que nunca me entere, de su existencia. ¿Acaso es posible que en un lugar donde se reúnen 35000 personas, no exista la señalización para el uso de los baños o mejor aun no haya baños?, otra nueva pregunta sin respuesta. De todas formas lo mejor era salir, tomar fuerzas de nuevo, y esperar la presentación de mi alejado ídolo. Entré a un famoso establecimiento, ubicado al lado del museo del florero, allí descanse, relaje mis piernas, y renové energías; el precio, perderme por completo  la presentación de  La Derecha.


Salí de allí y mire hacia el oriente, sobre la calle 11 (calle por la cual había ingresado), y de nuevo me sorprendí, al ver que no había ningún puesto de seguridad, conclusión: perdí mi tiempo, pero gané una manoseadapoliciaca. Baje lo más pronto que pude, ya que Manu, no demoraba en iniciar su show. Creo que quede en una posición muy similar a la que estaba ocupando antes de irme. Cuando a las 7 y 35, por fin!!!!!, Manu Chau y su Sound System, estaban tocando de nuevo en Bogotá, a esa hora mi único fin era disfrutar del espectáculo, pese a que estaba muy alejado del escenario. Me di cuenta que Manu empezó a cantar, porque la gente empezó a corear.. Bienvenida Tijuana.. ya que solo habían dos pantallas dispuestas al lado del escenario, que casi no alcanzaba a ver y el sonido era pésimo, parecía más bien que Manu estuviera cantando desde la plaza de San Victorino. Frustrado desde todos puntos de vista, lo único que resolví, fue resignarme y de alguna forma disfrutar el show de Manu Chao.



Manu Chao como siempre impecable,  reflejando todo el amor que le tiene a este país, que sirvió de inspiración para que realizara ese tren de hielo y fuego, que a principios de los noventas, cruzó nuestra geografía. Este país, el del señor matanza, el del mambo colombiano, que nunca dejará de ver a Manu Chao así este de por medio hasta la misma dignidad, porque Colombia también quiere a Manu Chao. Gracias Manu con tu música, tus letras y tu buena onda, siempre nos dejas muy claro que la próxima estación es la esperanza, la esperanza de un mundo mejor.


Totalmente agotado, después de la tranquilidad que solo Manu Chao me puede trasmitir, camine a la par de alrededor de 20000 personas hacia la estación de trasnmilenio de la Jimenez con 7ª, la cual estaba cerrada. Entonces decidí caminar hasta la 19 con 7ª, donde no hubo transporte público de alguna clase que me pudiera transportar, buses a reventar y taxis asediados, era la escena que nos presentaba la noche. La mejor opción, caminar hasta  la 32 con 7ª y tomar un taxi.


Así, siendo casi media noche, después de caminar más de 20 cuadras y haber desgastado mi cuerpo durante todo el día, por fin iba rumbo a mi casa. “Mi sueño”, se veía aplazado una vez más y me iría a dormir con la sensación de haber asistido al concierto peor organizado de mi vida, donde se presentó para mi, el mejor artista del mundo.


Fotos cortesía de: Maria Camila Garcia G
Sonisfera

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